miércoles, 5 de agosto de 2009

LLEGÓ EL CUATRO DE AGOSTO, Y CON ÉL, LA ENRAMADA DE AGAETE.


Oró el pueblo de Agaete, su oración anual de ramas verdes, en esa plegaria sentida de vida, que solo puede tener lugar en la mañana de cada cuatro de agosto.

El volador rompió en la madrugada, despertando el alma enramada de la villa, con los vecinos jubilosos de iniciar, ese baile de 24 horas, en el que el sentimiento prende, y el pensamiento, solo por un rato, va al mismo compás del corazón.

Solo una vez al año, cada cuatro de agosto, Agaete muestra su alma enramada en honor de su virgen de Las Nieves, y ese desnudo público, del sentir de todo un pueblo, es un regalo privilegiado que se hace a los que vienen con el deseo de conocer, la autenticidad de unas gentes, que se muestran tal y como son, cuando el volador anuncia en los cielos, que es tiempo de tomar las calles, con el baile más sentido, ese que se hace en honor a la vida, porque la enramada es el sentimiento puro de Agaete, que se gesta desde la cuna, y que explota cuando la banda, entona la melodía, que identifica el ayer con el hoy, el pasado con el mañana.

Como cada cuatro de agosto, nos reencontramos con los amigos, con la familia. Compartimos la amanecida y la felicidad de la mañana de Rama. Compartimos la mesa en el hogar siempre acogedor, en la barra del bochinche que nos une de por vida, porque en una Rama, unir los vasos, las espaldas sudorosas del baile, o las miradas cómplices, tiende lazos que ya no se rompen en el tiempo.

Unen los amigos de la infancia y de la juventud que se reencuentran en la enramada, unen las peticiones llegadas desde el otro lado del atlántico, por ver una instantánea de la familia reunida, une el sonar de las caracolas desde lo alto de la azotea de Títi, al ver a sus bisnietos sentir y disfrutar de una fiesta en la que ella estuvo siempre presente.

El corazón renace con Tota en el balcón, con Yayá en la placilla siempre atenta a ponerte en la mano una helada cerveza con la que reponer las fuerzas. Está Tata en los fogones, Yoyo e Inés esperando en los bochinches, Angélica, Chano y Toto, sentados en la mesa, porque esta es la autentica enramada, no la de una noche de fiesta más con su amanecer, sino la que te hace sentir miembro de una familia, de un pueblo, que siente y lucha por sus tradiciones.

Así pasó la amanecida de Diana, la mañana de Rama, y terminó la noche de Retreta de despedida, la que te hace encoger el corazón por el año de espera que comienza, pero queda grabado en cuerpo del pueblo, un día más de enramada, ese día en el que el corazón vuela y alcanza el cielo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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